Mi primera vez

Lo recuerdo como si fuera ayer, tenía 5 años y vivía en el barrio porteño de Caballito. En esa época , mi viejo era empleado en un local de ropa en Balvanera y todos los sábados volvía del trabajo en una camioneta Renault Trafic. Todas las tardes, mi papá me llevaba a dar una vuelta en la chata, pero con la condición de que le manifieste mi amor por Independiente.

Esa vez, no fue como todas. Influenciado por mi mamá, había manifestado mi simpatía por otro club, por lo tanto, mi papá canceló la tradicional vuelta y produjo mi llanto desconsolado.

Durante horas, mi padre se mantuvo inconmovible, como lo hace un árbitro ante los juramentos de los defensores que niegan haber pegado una patada criminal, pero que igual lo expulsa. Es como si durante ese tiempo en penitencia, él supiese que la firma del pacto de amor eterno sería inevitable.

Cerca del atardecer, él se acercó y, ante mis juramentos de que en realidad era de Independiente, me dijo «vení conmigo» y nos dirigimos presurosos hacia la puerta.

La exactitud de las estadísticas dirá que el 11 de agosto de 1995 se enfrentaron Independiente y Ferro en el estadio de este último. Ese mismo día, gracias a Dios, firmé un contrato de por vida con el diablo.

Fuente: Club Atlético Independiente